En mi entrevista con “Fabiana”, me contó que todos los días su esposo la mandaba a la calle, con sus cuatro hijos, a vender dulces. Si regresaban sin haberlos vendido todos, los cinco eran recibidos con golpes.

A partir de este hecho, decidí realizar una pieza centrada en regalar, y no vender, chocolates en distintos semáforos capitalinos. Aproveché el 14 de febrero —y la aceptación generalizada que existe de que es ése el día del amor y la amistad— para realizar la acción.

Los chocolates en forma de corazón estaban envueltos por un cintillo rojo que además de la leyenda “Hasta hace poco, Fabiana vendía dulces como estos en la calle. Su esposo la obligaba a hacerlo con sus cuatro hijos”, incluía fragmentos del testimonio de Fabiana. Tomando en cuenta la cantidad de objetos que se venden en los semáforos, los chocolates aparentaban ser la publicidad para algún producto o servicio más.

La acción consistió en repartir los chocolates a automovilistas —hombres y mujeres de todas las edades—, ofreciéndoselos como regalos. Algunos los recibieron gustosos, otros con reticencia, y otros tantos no los aceptaron. El aspecto más interesante de la obra fue aquel que ya no presencié: la reacción de quienes recibieron los obsequios al llegar a sus casas, abrirlos y leer las frases que contenían.

14 de febrero forma parte del proyecto Expuestas: registros públicos y fue realizado en Avenida Revolución, México D.F., México, el 14 de febrero de 2008.

Fotografías:
Federico Gama