En este ritual busqué subvertir la lectura común de la sangre —tanto en la historia del performance como en al cotidianeidad— como un elemento de shock, empleándolo como una sustancia purificadora y erótica.

En la obra siete tinas metálicas llenas de sangre sirven para lenta y sensualmente "limpiar" cada parte de mi cuerpo.

Presentado en: Les Continents de la Parole, Centre d'Initiatives Artistiques de l'Université de Toulouse, Francia y Festival del Mes del Performance, Museo Universitario del Chopo, México D.F., México, entre 1992 y 1993.

Fotografías: Mónica Naranjo